domingo, 4 de diciembre de 2016

El silencio administrativo, por el P. Santiago Martin

Este es un vídeo imprescindible para tomar conciencia de dos cosas:

- La teología moral católica sexual no va a cambiar, lo intente quien lo intente, porque toda la moral católica se iría por el mismo sumidero.

- Tenemos que recuperar el nombre, la figura y el enamoramiento de Cristo el Señor. Ya casi ni se le menciona ni se le nombra. La nueva evangelización ha desaparecido de la acción de la Iglesia cotidiana. Dejamos de evangelizar? Como conocerán a Cristo si no hablamos de El, si esconden hasta su imagen?


domingo, 5 de junio de 2016

¿Dones de la reforma?

Dios puede sacar bien de donde quiera, incluso del pecado. Pero esto no nos autoriza ni a buscar el pecado ni a bendecirlo, ni a dar gracias a Dios por él.

Siempre tenemos que dar gracias a Dios por su acción y poder transformador que hace que del mal se derive una consecuencia positiva para nosotros. Pero no porque el mal sea bueno sino porque Dios puede transformar sus consecuencias, lo cual implica necesariamente una compensación en el mal causado.

Dios ni autoriza ni bendice el mal, ni puede hacerlo. El mal es consecuencia de nuestra propia libertad.

Por eso, no puedo estar de acuerdo con ninguna acción que pueda implicar una celebración o conmemoración de la reforma protestante de Lutero, ni nada que implique pedir un perdón por una falta que no alcanzo a ver siquiera su existencia.

¿La reforma nos ha traido bienes? Indiscutiblemente no, pues ha ocasionado que muchas personas hayan podido encontrar la condenación por su medio aparte de las consecuencias que nos llegan hasta hoy mismo de tergiversación de la doctrina y la naturaleza de Dios reveladas por Cristo y sostenidas por el Magisterio de la Iglesia.

Mientras Lutero en Europa se encargaba de robar fieles a la Iglesia Católica, en América se producía una intervención divina por la que sí tenemos que dar gracias a Dios: la aparición y el mensaje de la Virgen de Guadalupe. Los millones de fieles que Lutero acaparó con su error en Europa fueron devueltos a la Iglesia en forma de conversiones masivas a raiz de la impresión en la tilma de San Juan Diego.

Mientras la Virgen de Guadalupe acababa definitivamente con los sacrificios humanos en el nuevo conteninente, aquí en Europa muchos se apartaban de la fuente de la Vida.

Damos gracias a Dios por este fenómeno extraordinario, pero no lo hacemos porque la acción de Lutero pudiera haberlo provocado en la voluntad insondable de Dios.

Damos gracias por el testimonio de fe de los mártires, allá donde se hayan producido sus sacrificios martiriales, pero no podemos dar gracias porque el mal haya ocasionado la muerte de personas por la defensa de su  fe. No damos gracias por las persecuciones de Diocleciano, ni por la revolución cristera ni por las infames persecuciones de la Guerra Civil española. Como tampoco lo hacemos por lo innumerables mártires que hoy dan su fe por Cristo.

Sus testimonios quedan inscritos con sangre y fuego en el Libro de la Vida, pero no nos alegramos en ningún modo de las causas que los provocaron, antes bien las denunciamos y queremos que se acaben con ellas. Por tanto tampoco podemos dar gracias a Dios por la causa que origino tantos martires que murieron ante los luteranos y anglicanos por su fe católica.

Vale más el testimonio de Santo Tomás More o de San Juan Fisher que el de muchos eclesiásticos de hoy.

Un acto del mal no puede convertirse en motivo de satisfacción ni celebración en ningún modo.
Nadie festeja la amputación de un miembro de su cuerpo. Y en este caso, un miembro del cuerpo no es un sujeto digno de ser considerado autonónmamente al propio cuerpo. Pero los que abandonaron la Iglesia por culpa de Lutero si fueron y son personas que siguieron su egoismo y engaño y que pusieron seriamente en juego su salvacion al apartarse de la fuente segura del camino hacia el cielo.

Ningún celo ecuménico es digno de atención si lleva parejo la distorsión del único sentido que tiene la Iglesia en este mundo: ser el vehículo de salvación para todo el género humano. Jugar a la unidad aunque la salvación destinada a todos se convierta en algo relativo o secundario no es otra cosa sino debilitar la misión primordial de la Iglesia.

Cuántas excusas futiles sirvieron para amparar tales fracturas en la Iglesia: la venta de indulgencias o un divorcio no pueden servir de justificación para hacer construcciones teológicas en el vacío que pretendamos ahora venir a alabar o mirar con buenos ojos cuales siervos embelesados con el traje nuevo del emperador.

Nadie duda de la existencia del pecado personal. Pero ay del pecado que sirve de escándalo (mala enseñanza) a otros. Ay de aquel que lleva al error a sus hermanos.

Nada, por tanto, que celebrar.

Otros enlaces:
La argucia principal del diablo
La cruz, la puerta de la salvación
Una tabla de consuelo y salvación

miércoles, 25 de mayo de 2016

Instrumentos de las buenas obras o del arte espiritual, de San Benito

La Regla de San Benito fue la primera regla de vida monástica que sirvió para regir la vida en común de los monjes mediante el retiro del mundo.

Este modo de vida se dio en la Iglesia primitiva desde los primeros tiempos dado que muchos anacoretas se retiraron al desierto a vivir la soledad en la adoración y contemplación de Dios. Sin embargo, San Benito fue el primero que instituyó la vida en común de sus monjes que vivían así retirados del mundo recluidos en un monasterio.

Sobre la Regla de San Benito se han basado muchas formas de vida en común posteriores en la Iglesia, como algunas órdenes mendicantes, por lo que ha sido de una importancia extraordinaria.

En el capítulo 4, San Benito hace una exposición sucinta de lo que él llama "Instrumentos de las buenas obras o del arte espiritual" que no son otra cosa sino consejos dirigidos a sus monjes para llevar una vida cristiana recta. Estos instrumentos han sido objeto de estudio en muchas ocasiones como propuestas de San Benito para la vida espiritual.

Yo simplemente me voy a fijar en uno, si bien todos los demás son dignos de la misma consideración. Lo he resaltado con letra cursiva en el texto: cuando tengas malos pensamientos, estréllalos inmediatamente contra Cristo. Malos pensamientos de cualquier tipo, de los que nos atosigan, de los que nos sobrevienen para robarnos la paz, de los que perturban nuestra tranquilidad en la presencia de Dios. Este consejo de San Benito no llega hasta hoy y debemos hacer uso de él en la medida de nuestras necesidades.

A continuación transcribo la totalidad de dichos consejos de San Benito:

Instrumentos de las buenas obras:

Ante todo amar al Señor con todo el corazón, con toda el alma, y con todas las fuerzas,
y además al prójimo como a sí mismo.
Y no matar.
No cometer adulterio.
No hurtar.
No codiciar.
No levantar falso testimonio.
Honrar a todos los hombres,
y no hacer a otro lo que uno no desea para sí mismo.

Negarse a sí mismo para seguir a Cristo.
Castigar el cuerpo.
No darse a los placeres,
amar el ayuno.
Aliviar a los pobres,
vestir al desnudo,
visitar a los enfermos,
dar sepultura a los muertos,
ayudar al atribulado,
consolar al afligido.

Hacerse ajeno a la conducta del mundo,
no anteponer nada al amor de Cristo.
No consumar los impulsos de la ira,
ni guardar resentimiento alguno.
No abrigar en el corazón doblez alguna,
no dar paz fingida,
no cejar en la caridad.
No jurar, por temor a hacerlo en falso;
decir la verdad con el corazón y con los labios.

No devolver mal por mal,
no inferir injuria a otro e incluso sobrellevar con paciencia las que a uno mismo le hagan,
amar a los enemigos,
no maldecir a los que le maldicen, antes bien bendecirles;
soportar la persecución por causa de la justicia.

No ser orgulloso,
ni dado al vino,
ni glotón,
ni dormilón,
ni perezoso,
ni murmurador,
ni detractor.

Poner la esperanza en Dios.
Cuando se viera en si mismo algo bueno, atribuirlo a Dios y no a uno mismo;
el mal, en cambio, imputárselo a sí mismo, sabiendo que siempre es una obra personal.

Temer el día del juicio,
sentir terror del infierno,
anhelar la vida eterna con toda la codicia espiritual,
tener cada día presente ante los ojos a la muerte.
Vigilar a todas horas la propia conducta,
estar cierto de que Dios nos está mirando en todo lugar.

Cuando sobrevengan al corazón los malos pensamientos, estrellarlos inmediatamente contra Cristo y describirlos al anciano espiritual.
Abstenerse de palabras malas y deshonestas,
no ser amigo de hablar mucho,
no decir necedades o cosas que exciten la risa,
no gustar de reir mucho o estrepitosamente.

Escuchar con gusto las lecturas santas,
postrarse con frecuencia para orar,
confesar cada día a Dios en la oración con lágrimas y gemidos las culpas pasadas,
y de esas mismas culpas corregirse en adelante.

No poner por obra los deseos de la carne,
aborrecer la propia voluntad,
obedecer en todo los preceptos del abad, aun en el caso de que él obrase de otro modo.

No desear que le tengan a uno por santo sin serlo, sino llegar a serlo efectivamente para ser así llamado con verdad.
Practicar con los hechos de cada día los preceptos del Señor;
amar la castidad,
no aborrecer a nadie,
no tener celos,
no obrar por envidia,
no ser pendenciero,
evitar toda altivez.
Venerar a los ancianos,
amar a los jóvenes.
Orar por los enemigos en el amor de Cristo,
hacer las paces antes de acabar el día con quien se haya tenido alguna discordia.

Y jamás desesperar de la misericordia de Dios.

Otros enlaces:
¿Por qué el símbolo del pez?
Una tabla de consuelo y salvación: citas bíblicas y espirituales para nuestras necesidades
Pensamientos para el día a día


lunes, 23 de mayo de 2016

Los pasos del silencio, videos de la vida monástica

Hace algún tiempo, la cadena de televisión TV2000, propiedad de la Conferencia Episcopal Italiana, realizó una serie de reportajes, llamados "Los pasos del silencio" (I passi del silenzio) para mostrar la vida de ciertos conventos contemplativos de Italia, tantos de monjes como monjas.

No son propiamente documentales con extensas explicaciones históricas o artísticas de los lugares visitados, sino más bien testimonios del silencio, de la liturgia y de la vida de esos consagrados.

La gran mayoría de ellos son lugares desconocidos para el común de los fieles, lo que los hace más valiosos.

Y quizás lo más precioso de todos ellos es lo que menos aprecia el mundo: el valor del silencio y el testimonio de fe de los monjes y monjas que ponen en palabras su experiencia de Dios en la vida consagrada.

Cap. 1 - Dominus Tecum (Cistercienses)

Cap. 2 - Mater Ecclesiae (Benedictinas)

Cap. 3 - Eremo di Mosciano

Cap. 4 - Frattochie (Trapa)

Cap. 5 - Macerata (Dominicas)

Cap. 6 - Lecce

Cap. 7 - Santi Quattro Coronatti (Roma - Agustinas)

Cap. 8 - Otranto (Clarisas)

Cap. 9 - Ronciglione

Cap. 10 - Pulsano

Cap. 11 - Camerino

Cap. 12 - Siloé

Cap. 13 - Varazze

Cap. 14 - San Giovanni Rotondo

Cap. 15 - Monasterio di San Damiano

Cap. 16 - Visitandinas (Pinerolo)

Cap. 17 - Abadia di Piona (Cistercienses)

Cap. 18 - Santa Catalina de Alejandría (Urbino)

Cap. 19 - Monasterio San Cosme y San Damián

Cap. 20 - Cottolengo (Turín)

Otros enlaces:
44 preguntas y respuestas sobre Jesús
18 testimonios de que la Santa Misa es sacrificio
Dios ve nuestros problemas desde otra perspectiva